Crownforge
El último vuelo de Arvakh

Era del Juramento Roto

El último vuelo de Arvakh

El primer rey de los dragones encendió las grandes forjas del mundo. Luego desapareció.

Los herreros enanos de Tharenhold tienen un dicho: «Sin el fuego de Arvakh, solo te queda hierro». El primer rey de los dragones fue amigo de ambos titanes. Su aliento no quemaba. Transformaba. Bajo su llama, la mena común se convertía en aurita, el oro vivo que recuerda cada golpe del martillo.

En la Era de las Siete Coronas, Arvakh volaba cada año a la gran forja tallada en el corazón de la montaña. Los enanos esperaban ese día como una fiesta. Herreros de los siete reinos colocaban sus crisoles a lo largo de los canales, y el rey dragón los encendía todos de un solo aliento.

Cuando Vaerun y Malakor se enfrentaron, Arvakh eligió la libertad. Se puso del lado de Vaerun. Lo pagó con todo: su dinastía perdió las montañas y los santuarios de dragones enmudecieron.

La última vez que lo vieron sobrevolaba la Puerta del Dragón, la noche en que cayeron las Siete Coronas. Volaba hacia el oeste, a ras del mar, con un ala atravesada por una lanza negra. Oficialmente lo dieron por muerto.

Los herreros saben lo que saben. A veces, cuando el calor de una forja de nivel seis arde especialmente limpio, el metal empieza a tararear una melodía que nadie le enseñó. Bromek jura que es el canto de Arvakh. Nadie le cree. Pero tampoco nadie sabe explicar de dónde salió la cabeza de dragón dorada de esas forjas, porque ningún herrero la fundió jamás.

Hoy los dragones vuelven a eclosionar en los valles. Rhazir, Aeralis y Velith no recuerdan a su rey. Sus huevos, sin embargo, están tibios, como si alguien los calentara desde muy lejos.

Una leyenda del mundo de Crownforge. Las funciones del juego se describen con su estado en las demás páginas.

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