Los varkos atan el honor a su estandarte. Un clan que pierde el suyo no tiene nombre hasta que lo recupera. Gorvak era el abanderado. Estaba en el paso cuando el clan de los Jefes de Ceniza se pasó a los estandartes negros, y fue él quien volvió a casa con el asta y sin la tela.
Los demás pueblos ven a los varkos como salvajes. Elira también lo pensaba cuando Gorvak se plantó por primera vez ante la puerta del poblado. No se fiaba de él. Lo hizo dormir fuera de la muralla.
Una semana después, una partida del Estandarte Negro atacó de noche desde el río. Gorvak sostuvo el puente él solo hasta que llegó la guardia a la carrera. Cada golpe que recibió lo devolvió por partida doble. Los varkos lo llaman la regla del Último que No Cede.
Por la mañana, Elira le llevó el desayuno al otro lado de la muralla. No dijo nada. Gorvak tampoco. Hoy su vínculo se llama Escudo de la Reconciliación: cuando uno de los dos flaquea, el otro recibe los golpes dirigidos a su compañero.
Gorvak sigue buscando el estandarte perdido. Dicen que Dravok, jefe de los Clanes de Ceniza, lo lleva a la batalla como trofeo. Un día fueron hermanos de armas. Algún día volverán a encontrarse.
Una leyenda del mundo de Crownforge. Las funciones del juego se describen con su estado en las demás páginas.
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